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La vida tiene pétalos
y un rosal donde tiemblan las historias.
L. García Montero
Van los duendes dormidos.
Ya está en calma la noche:
tan sólo la perturban los frenos de algún coche.
Hiela la escarcha estrellas,
los árboles del parque tienen frío,
llueve el silencio plata sobre el río
y en la acera mojada ya no hay huellas.
Lentamente un lucero
desgarra la oquedad del infinito,
reverbera su luz como un delito
posándose en las sombras de un alero.
Alguna moto arranca,
el mundo y las tristezas se han dormido,
la luna yace blanca
entre un manto atezado y aterido.
Qué sola está la noche,
insomne, inmensa, triste...yo vago por su entraña
y siento que me atrapa, me envuelve y me desviste:
y al hilo de tu sueño soy su araña.
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