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Primeros tiempos. IV
Se
sabe a ciencia cierta que los Templarios estuvieron instalados en el
ducado de Glarester por las iglesias que allí hay (todavía hoy puede
visitarse la Iglesia de san Esteban en Werjhamia, la de Nuestra Señora
de la Montaigne en Loenvirharm y la Gran Ermita de Sión en los
alrededores de Glaresterbury, todas en perfecto estado de conservación).
Las formas octogonales, las gárgolas y los sellos que las adornan han
sido identificados convenientemente como la firma de los Constructores.
Cuando la Hermandad de los Pobres Caballeros de Cristo fue disuelta
definitivamente (al menos oficialmente) en 1314 por el Papa Clemente V,
los templarios que estaban en el ducado en ese momento quisieron
reunirse con sus hermanos franceses y ofrecerse a la hoguera junto a los
demás pero el Gran Maestre de la logia de Glarester recibió ordenes
concretas al respecto y ordenó a los freires que se escondieran en
ciertas grutas secretas que existen -o existieron porque jamás han sido
descubiertas- en las Montañas del Este.
Misteriosamente
unos años más tarde, siete para ser exactos, se formó una hermandad
en el ducado y que se llamó la Constelación Roja. Sus iniciales, R.C.
también aparecieron por Europa y se atribuyeron a Christian Rosencreutz,
a los Rosacruces y a toda suerte de incógnitas relacionadas con el
ocultismo. Poco se sabe de la Hermandad de la Constelación -como solía
y suele denominársele- excepto que en poco tiempo se hizo muy poderosa
y conocida. Siguiendo ciertos principios herméticos, cada siete años
desaparecía y daba la sensación de haberse evaporado de la noche a la
mañana y cada siete años reaparecía. Algunos estudiosos del tema
aseguran que hubo ciertos contactos, ya en el siglo XIX, con otras
hermandades herméticas glaresteritas; entre las más conocidas están
la de La Noche Luminosa, la de Los Sarracenos del Desierto -con
connotaciones sufíes- y la de Los Cisnes del Alba -supuesta heredera de
la antigua Orden De Los Dos Cisnes-. Todas estas logias tenían en común
la ideología de que no puede haber más reino que el de los cielos y
por ese motivo Glarester siguió y sigue siendo un ducado y no un reino
o un estado. Godfrey Jaques de La Romantique, primer Gran maestre de la
Constelación, fue un poderoso consejero en la corte de Glarester y todo
apunta a que era él quien manejaba los hilos del gobierno y no el Gran
Duque Leovigildo. Madame de Blur, su amante y confidente, era
hermanastra de Godfrey Jaques y Williamete, su hijo bastardo, el que
fundó la religiosa orden de las Glaresteritas Descalzas. El convento
del Santo Camino, ya tocando las costas norteñas, es hoy en día uno de
los centros religiosos más destacados del ducado y sede de la orden
religiosa de esas monjas.
A
finales del siglo XVII durante la tercera guerra contra Marstropia (país
al oeste de Glarester y fronterizo con él), la Orden de la Constelación
Roja unida a la de los Dos Cisnes, tuvieron un papel relevante y se
ganaron la fama que causa admiración aún hoy en día. Los infantes de
Werjhamia habían avanzado posiciones y retomado el castillo de
Metztersen que había perdido Glarester dos meses antes. No tardaron en
verse rodeados por el ejército marstropiano y aguantaron tres semanas
sin ceder ni un ápice de terreno pero los víveres se habían agotado y
ya escaseaba la pólvora y la munición. Parecía que todo estaba ya
perdido pues las fuerzas glaresteritas estaban combatiendo más al sur
y, en parte por las torrenciales lluvias normales en esa parte del país
y su consiguiente crecida del río y por otra parte por la intensidad de
la batalla, no podrían llegar a tiempo de evitar que el asedio
marstropiano acabara en la derrota de los werjhamios. En ese momento, en
el solsticio de verano, se cumplían los siete años de reserva de las
ordenes y ni un sólo día pasó sin que éstas se organizaran y
acudieran al castillo. Los Caballeros de la Constelación llegaron por
el sur, cerca del Paso de Orson y los de los Dos Cisnes por el norte, a
orillas del lago Arsuz. El ejército marstropiano se vio sorprendido por
sus flancos y apenas tuvieron tiempo de reorganizar sus tropas. Según
quedó escrito en los anales la batalla fue tan cruenta que la sangre
alcanzaba las rodillas de los caballos. Los de Werjhamia, viendo la
ayuda, tomaron fuerzas de flaqueza y, espada en mano, hicieron una
salida que arrolló a las primeras líneas. Con la batalla ganada
dejaron una guarnición de infantes para defender la posesión y los
caballeros supervivientes se dirigieron hacia el sur para reforzar al ejército
regular glaresterita. Otro de los grandes hitos bélicos de la historia
del ducado se escribió allí en ese momento. Para celebrar ambas
victorias la semana del 24 de junio es aún hoy fiesta en el ducado y
que se celebra con duelo al principio por los caídos en la batalla y
con estruendosa alegría al final por la liberación de la frontera.
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