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Primeros tiempos. II
En
el siglo V una parte de las tierras del norte se sublevaron y quisieron
independizarse. Triunfaron en sus primeras batallas y esta provincia
escindida pasó a llamarse Regne de Werjham, en honor al caudillo que
consiguió poner en jaque a Glarester, Wergähjm y que consiguió la
independencia. Tras esto vino la paz y ambos reinos consiguieron
establecer lazos políticos y económicos y convivir en buena armonía.
Muchos Werjhamitas tenían aún familia en Glarester y no pocos
glaresteritas vivían en Werjhamia. En el siglo VI, Guifflet de
Werjhamia tomó por esposa a Úrsula de Glarester y los lazos de ambos
países se estrecharon aún más. Parecía que venía una época de
tranquilidad y calma cuando los vecinos países del oeste irrumpieron en
las fronteras e intentaron la conquista de ambos reinos. Dos siglos y
medio duró la contienda.
En el año 905, los ejércitos de Glarester
vencieron por fin a los invasores de forma definitiva. Hafia I,
rey en ese momento de Glarester y Werjhamia había hecho promesa de
humildad y de otorgar el reino a Dios si vencía en la batalla y conseguía
la paz para ambos países y la cumplió; unió los dos en uno sólo, con
el beneplácito de todos sus nobles vasallos, y formó el primer códice
de leyes. La primera ley que fue escrita, y recogida luego en las
cantatas, otorgaba el título único de ducado a todas las tierras
considerando el mundo entero como un Reino de Dios y afirmando que sólo
un ducado podían ser aquellas tierras aunque conservaran su
independencia como país.

Las
provincias recibieron el título de "condado de" cada una de
ellas y Glarester pasó a ser considerado entre los reinos vecinos ya como
un país. Algunos historiadores, como el profesor John G. Blackstein,
opinan que el ducado puede considerarse como tal mucho antes, quizás
desde el momento en que los clanes empiezan a formar una unidad, con
guerras entre ellos pero dispuestos a unirse ante un enemigo común.
Actualmente el Centro de Estudios Históricos intenta dar una nueva luz a
la historia del ducado aportando algunos datos comprobados sobre la
influencia que pudieron tener otras civilizaciones y sus creencias. Se ha
podido constatar una fuerte relación entre lo que suele llamarse la Saga
del Grial y las leyendas más fuertemente aposentadas en Glarester. La
simbología de la copa, la espada y la roca marcó los conocimientos de la
baja edad media y el ducado no fue una excepción. Algunos glaresteritas
han querido ver a Artuane de Valley como una imagen del Artus o Arturo
británico. La leyenda es vasta y no vamos a recoger en este libro, pues
no es su fin, pero todos los relatos mantienen muchas similitudes con la
del Grial.
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Artuane,
hijo segundo de una familia humilde, quiere llegar a ser caballero
de la Orden de la Espada Invencible y alcanzada la edad de catorce
años abandona a su familia para ir a presentarse al rey. Durante el
camino se queda dormido en La Encrucijada de la Fuente y allí se le
aparece Hildegarda, la reina de las hadas, y le promete que algún
día sus sueños se verán cumplidos incluso más allá de lo que
él espera; que algún día él será quien manejará los destinos
de todos los caballeros del reino. Al despertarse, Artuane, no sabe
si ha sido un sueño o una visión pero en el centro de la
encrucijada puede ver una roca que antes no estaba y que un brillo
extraño, metálico, se desprende de ella. Al acercarse la roca va
cambiando de forma hasta que puede ver en ella una espada en su
vaina. Intenta tomarla y la espada cede pero no la vaina que queda
allí clavada a pesar de todos sus esfuerzos por conseguirla.
Durante su viaje hasta la corte le ocurren varias historias que
forman la primera parte de la saga y que ocupa sendos volúmenes. Un
viejo -que resulta ser el mago Mercuccio- se le aparece en el bosque
y le dice que su vida será incompleta hasta que consiga la vaina
también. Desde ese momento y hasta su subida al trono las aventuras
que le suceden están recogidas en los volúmenes que conforman la
segunda parte de la saga y con algunos libros anexos llamados en su
conjunto Los Anexos Apócrifos. La tercera parte está formada por
los lances que suceden a los caballeros de Artuane y las batallas
que se suceden para mantener el reino libre de invasores. Es en
esta tercera parte cuando sale el caballero que duerme, sir
Lwanmegot (que hay que reconocer tiene cierta similitud fonética
con el Lancelot de la saga artúrica) y que será el que le
procurará la vaina a costa de su propia vida. La cuarta y quinta
parte trata de la búsqueda de La Puerta Sagrada, aquella que
permite visitar el reino de los cielos y convertirse en Caballero
Perfecto y Santo, cosa que nadie consigue a excepción de sir
Morthand De Le Noirefleure. Según algunos estudiosos del tema la
saga termina aquí mientras que para otros todavía hay que
añadirle dos libros más de menor extensión; La Saga de Hibernos y
La Llegada al Templo Celeste. En este caso la historia de Artuane se
extendería en un total de siete libros, algo más acorde con la
simbología sagrada que algunos han querido ver en estos relatos y
que conforman parte de "La Tradición". |
Sea
como fuere lo cierto es que Glarester toma realmente su
nombre en ese año y así empieza a ser conocido en el resto del mundo. Es
a partir del año 985 cuando se conoce más del ducado, ya de una forma
definitiva y aceptada. Si hasta ahora la historia es confusa y
contradictoria en 985 empieza a volverse clara y llena de detalles. Se
funda la biblioteca de Loenvirharm,
conocida por sus pergaminos fabricados con piel de ciervo y que recogen
una caligrafía indescifrable hasta el día de hoy. Podría tratarse de la
Lengua Del Dios, el lenguaje más antiguo del ducado y que ya nadie
conoce, que se perdió en algún momento de los siglos de oscuridad y que
jamás pudo ser recuperado. Esta biblioteca acoge a partir de ese año a
los más minuciosos escribas que, ayudados por los bardos y juglares, por
las ordenes religiosas y por los hombres más sabios empiezan a anotar
cuanto acontece. Poco tiempo después se le unen los Representantes
Mayores de los gremios de Artistas y los del de Constructores. Los
primeros ilustrarán los escritos y los segundos aportarán planos de las
construcciones. En el museo de Gildavia se exponen la mayoría de estos
libros que aún se conservan y el resto están en el Castillo de
Glaresterbury..
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