Protegiendo la cartera.

En su juventud, el barón, solía faltar a demasiadas clases -excepto las de baile- y refugiarse en los pasadizos secretos que poblaban todo el Castillo de Glarester (hoy museo nacional). Dado su alto egocentrismo en aquella época fue capaz de llamar al pintor de la corte para que le plasmara en uno de sus pasillos preferidos, el que iba desde La taberna de Chez Mariposa hasta sus propios aposentos.

Ese pasadizo alberga hoy la mayor colección que existe en el ducado de objetos inservibles y colillas mordisquedas. Dice la leyenda que en ese lugar se aparece el barón las noches de luna llena a medianoche para reclamar cierta cantidad de libras glaresterinas que dejó a deberle un pastor amigo suyo con el que compartía alguna juerga.

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