Yo no entiendo esto de las modas, o mejor dicho sí las entiendo pero no todas. No puedo tomarme en serio a un tipo (o tipa) que me recuerde a Cantinflas y eso es lo que me pasa cuando veo esos pantalones caídos, a veces extremadamente caídos, con los calzoncillos de cuello largo asomando cual refajo de la tía Eusebia. Y es que hay modernidades que quedan bien y otras que quedan como unas sandalias a un pingüino.
Y hablemos de los “pirsings: una cosa es uno o varios pendientes, vale, mola, o uno pequeñito en el ombligo, incluso puedo admirar alguno en un pezón (si es señorita prefiero admirar el pezón) pero los de la nariz… buf, siempre pienso que cuando estén constipados le saldrán los mocos por ahí como si fuera un grifo. O los de la lengua que, bueno, yo creo que debe ser casi igual darles un beso (de tornillo, claro) que pegar un chupetón a un plato de garbanzos a medio degustar. Y respecto al del labio no puedo dejar de pensar que ha sido su dentista que se ha dejado algo del instrumental en un descuido.
Pero claro, todo tiene diferentes puntos de vista, basta con buscarles alguna utilidad. En la foto vemos lo que se llama el modelo llamador, sirve para cuando no hay timbre. Y yo añadiría el “abridor” para las cervezas (o chusklis, birras, cervecikis…), el modelo linterna, que debe ir incrustado en la frente para ser de extrema utilidad o el modelo “vibrador” que va en… puesto en... estooo.. va incrustado y… Bueno, se trata de uno que vibra, evidente, así te haces pasar por ansioso/a y pillas la baja/el bajo. Con lo primero te puedes ir al cine, con lo segunda acompañas a las gaiteras.
Que quede entre nosotros y las orejas de Mr. Spok pero quizá es que me estoy haciendo viejo, yo creo que algunos sí
se pasan un poco
Abulafia, que es gerundio
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Tras mucho fijarme en los programas de televisión y televisiona(*) sobre gastronomía y ver los foros sobre el mismo tema, he llegado a la conclusión de que en una cocina hay que hacerlo todo pequeñito. ¿Qué no? Sólo hay que ver las recetas: se cogen tomatitos, se cortan a pedacitos pequeñitos y se pone en una sartencita a fuego lento y se deja un ratito; mientras tanto se corta la cebollita en… Pero no se pueden usar tomates y cebollas y despedazarlos a lo bestia? Hasta las berenjenas y berenjenos(*) se ríen de los cocineros mientras ellos lloran con sus cebollas y cebollos(*), toda una oda a la tragicomedia. Estas cosas son las que marcan las diferencias entre un cocinero y un mecánico, por ejemplo, éste jamás te dirá: “Huy, que estropeadita está esta batería. Y el tubito de escape está un poco resquebrajadito y suelta algo de humito”. Tampoco un fontanero te hablará de grifitos y tuberiítas. Pero si hasta los curas hablan de dar la hostia y no una bofetadita… Ah, que eso no es lo mismo. Bueno, pues dejémoslo aquí.
(*) En honor de los miembros y las miembras.
Abulafia, claro
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